MAUS: Relato de un superviviente.
(Actualización 2022: Esta reseña está escrita en mayo de 2019. En junio de 2021 escribí mi TFG sobre la Shoá. Hoy, seguramente, esta novela sería revisada con más acentos en los detalles)
Para poder comenzar esta reseña voy a decir algunas verdades. Se me hace complicado tener que reseñar MAUS por algunas razones simples y obvias:
1) Soy una novata en todo lo que concierne a la novela gráfica. No me juzguéis, ¿vale? ya me juzgo yo misma.
2) Sé que MAUS lleva a sus espaldas bastantes teorías que no os voy a poder hacer llegar, por lo que esta reseña va a ser bastante vacía en ese sentido. Pero bueno, al final sólo busco generar unos poquitos sentimientos
3) Habrá mil millones de detalles que me hayan pasado desapercibidos por culpa de la razón 1.
Dejado esto claro, comencemos.
Casi siempre hay una historia detrás de mis reseñas, normalmente es algo tan simple como “me ha gustado por que este personaje me ha recordado a mí” *pequeño paréntesis: esto es algo que me pasa más veces de las necesarias, y creo que no seré la única a la que le pasa*, pero hay otras veces que la explicación tal vez es incluso más personal (o mucho menos) y rige casi al 100% la imagen que vayamos a tener del libro al acabarlo, será la parte más personal e importante del proceso de lectura, tal vez, porque es lo que marca la predisposición a lo que estamos juzgando. Con este libro (y por tanto, con esta reseña) me ha pasado igual y hoy sí que os lo voy a contar para hablar de algunas cosillas.
La historia comienza con que conocí este libro gracias a mi hermano (como mil millones de cosas de esta vida) y de hecho diría que es de sus libros favoritos (tete, no creo que me estés leyendo, pero si así es y me he equivocado, perdóname). Esta era la parte positiva y por la que lo he acabado leyendo, pero detrás siempre había un pero y este caso… bueno, ¿cómo lo digo sin que suene mal? Estoy un poco harta de las historias referentes al holocausto *(ups)*. De primeras por que creo que es un tema sobreexplotado y de segundas porque de tanto sobreexplotarlo parece que lo único que hace la industria es utilizar un horror mundial para sacar rédito comercial. En fin, sí, resulta que estoy totalmente de acuerdo con que se debe mostrar lo ocurrido en la historia para que no se vuelva a repetir y bla bla bla… pero entonces dejemos de hacer historias comerciales y de ficción y repitamos hasta la saciedad a nuestros pequeños (y mayores) la importancia de la historia y de leerla sin tapujos ni decoraciones. Bien, pues resulta que a MAUS ya la había tachado de “la típica historia de nazis y judíos” y claro… igual eso hizo que no la leyera antes.
Pero bueno, gracias a aquella parte positiva de la que he hablado antes, de que fuera una de las obras favoritas de mi hermano, me lancé a ella para cumplir mi reto de este mes de leer una novela gráfica. Así que desde aquí os digo, arrepintiéndome como siempre de prejuzgar las cosas, que MAUS tiene poco de “la típica historia”. Sabiendo esto vamos a hablar de ella y sobre todo, ¡no lo olvidéis!, porque es una de las cosas más importantes que saber al respecto.
Os diré que no sé bien bien qué es lo que me ha gustado de esta obra de Art Spiegelman, porque hay muchísimas cosas que no os podéis perder: sus ilustraciones, sus palabras, su realidad, su naturalidad… sí, sí, qué genérica eres, hija, ya lo sé, pero os lo prometo, en esta novela todo es un regalo y cada detalle es un mundo.
MAUS está narrada entre el propio Artie y su padre, Vladek, entre los dos construirán una impactante e intensa historia del pasado de Vladek durante la segunda guerra mundial. A la vez que Artie intenta sonsacar a su padre la historia de cómo vivió el holocausto, iremos viendo la relación entre padre e hijo, entre su padre y Mala (su segunda pareja tras Anja, la madre de Artie) y entre Artie y François, su mujer. Si ya de por si se nos remueve algo cuando pensamos en cómo la historia nos llevó al terror que ahora sabemos que fue el antisemitismo de la segunda guerra mundial, esperad a escuchar la tranquilidad con la que parece que lo explica Vladeck (por que sí, la paz con la que alguien explica alguien también nos deja un poco tocados), esperad a conocer a un hombre que lo ha vivido todo y lo cuenta como si no le hubiera costado nada, a conocer al hombre que pasó por decenas de empleos para sobrevivir, por el tifus, por los malos tratos de los guardias de Auschwitz y que aún así su mayor pesar es que no quiere perder su dinero (en el presente), se hace cómico e incluso surrealista, pero es totalmente verídico. Artie, igual que yo en muchos momentos, no entiende la actitud actual de su padre, le frustra cómo es y su cabezonería con la vida, pero como le dice François: "quizá Auschwitz le hizo así" . He llegado a pensar que el peso de la novela no se encontraba tanto en la historia de Vladeck en Auschwitz, si no en como Artie se siente al respecto con eso, él se abrirá en algunas escenas y nos dejará ver cómo de inseguro se siente conforme a cuestiones que le rodean con relación a la historia de su padre. Y bueno, no sé si será por como yo personalmente lo he sentido, pero el final, un final esperado en realidad, sin trucos ni artificios, ha sido de las cosas que más me emocionó de todo esto (a todos las historias nos duelen en algún lugar y supongo que de ahí que las leamos y vivamos diferente).
Las ilustraciones que acompañan esta historia son un regalo, han pasado demasiado desapercibidas para mí (en comparación con alguien que esté acostumbrado a leer cómic o novela gráfica, me refiero), y volvería a leer MAUS sólo para dedicarle algún segundo más a cada viñeta y no perderme ni un detalle. La metáfora que utiliza Artie con respecto a ratas (judíos) y gatos (alemanes) es lo único que conocía bien de esta novela antes de comenzarla, pero me sorprendió encontrarme con no sólo ratones y gatos, si no cerdos (polacos), ranas (franceses), perros (estadounidenses), que te hace que, obligatoriamente, les tengas que clasificar por sus nacionalidades o etnias; desaparecen las personas y sólo queda eso, animales. El dibujo os maravillará, más si sois de los míos y no soléis abrir a menudo ningún cómic, el blanco y negro está explotado hasta hacerlo de colores (porque en tu cabeza sí que Art te hace ver colores), hasta conseguir cada sombra y cada expresión en cada pequeña viñeta para que no te pierdas nada.
Un relato importante de escuchar, un cómic precioso de mirar y una enseñanza que nos da otra visión de la dureza de los campos de exterminio entrando por los ojos mientras leemos y no sólo creándolo desde la imaginación.
Sé que me habré dejado mil cosas de decir, pero como dije al principio hay demasiados detalles que se suman entre ellos creando algo muy grande y, por desgracia, no puedo recordar todos los matices que querría, así que si lo habéis leído y queréis añadir algo a mí reseña estáis totalmente invitados en los comentarios.



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